Nuevos
Paradigmas en el Campo de la Subjetividad
Uno de los temas desagradables en relación a los nuevos paradigmas
es que después de toda una charla, de presentar una cantidad
de planteos novedosos -al menos desde mi punto de vista-,
siempre hay alguien que dice: "siempre dijo eso". Sin embargo,
no llamaríamos "nuevos" a estos paradigmas si se tratara de
lo que "siempre dijimos". A pesar de esto, es justo reconocer
que probablemente haya una cantidad de elementos que tienen
que ver con este campo difuso que se llama "nuevos paradigmas"
que uno puede encontrar reiteradamente en la historia, allí
donde se le ocurra buscarlos.
Casi todos los investigadores cuando plantean algo nuevo necesitan
-al menos en nuestra cultura- buscar algunos antecedentes,
de manera tal que puedan decir: no crean estoy tan loco, hay
unos cuantos que dijeron antes que yo algo que tiene que ver
con esto. A su vez, deben afirmar con igual énfasis: pero
no es lo mismo que yo digo; porque si no, no habría novedad
en absoluto. De esta manera compleja se presenta el problema
del Cambio en nuestra cultura. Y siguiendo esta perspectiva
uno puede buscar antecedentes de los "nuevos paradigmas" hasta
en los Pitagóricos. Es por eso que dándome cuenta que es imposible
salir de esta paradoja entre la estabilidad y el cambio, he
decidido disfrutar de ella y utilizarla como recurso cognitivo.
Cultivaré la "antecedentitis" para buscar la novedad.
Un tema crucial, que se relaciona con el campo de la subjetividad
y las nuevas perspectivas contemporáneas es la definición
misma de conocimiento. La conceptualización clásica podemos
rastrearla hasta Sócrates quien hablaba del conocimiento como
aquellas afirmaciones que son verdaderas, pero no sólo eso,
sino que además están absolutamente fundamentadas, y como
si esto fuera poco: uno debe creerlo. Sócrates nos dejó este
regalito, Platón se encargó de difundirlo y desde entonces
cargamos con él.
Ha habido muchas y distintas corrientes filosóficas pero ninguna
se ha corrido de este problema de "la verdad como correspondencia
entre las afirmaciones y los estados del mundo" salvo, tal
vez, las corrientes herméticas que -por supuesto- no pertenecen
en sentido estricto a la historia tradicional de la filosofía.
Esto se debe a que seguimos escribiendo la historia a la manera
del viejo emperador Chino que eliminaba de la cronología todo
lo que no lo engrandecía. Aunque -en un principio- esto nos
parezca sorprendente porque en Occidente todavía creemos que
la historia es aquello que está en los documentos, y que esto
"refleja" lo que sucedió en el pasado. Ya que vamos a referirnos
continuamente a la historia me gustaría contarles una leyenda
que nos pondrá en contacto con otra concepción de la Historia.
Se dice que en Oriente el gran Kublai Kan decretó que su reino
iniciara una dinastía llamada Yuan. El Kan escogió este título
porque significa "mayor" y de esa manera ya desde el nombre
su estirpe eclipsaría a las demás. Cuando Marco Polo se encontró
con el Historiador Oficial, quedó impactado por la forma de
concebir la tarea que tenía ese gran hombre: para él anotar
los hechos que iban ocurriendo carecía de importancia, lo
fundamental era re-escribir la historia. Se dice que Marco
Polo lo increpó planteándole lo inaudito de su proyecto, ya
que para él historia era lo "ya pasado" y por lo tanto era
inmodificable. El Historiador Chino le respondió diciéndole
que para él Historia no era lo ya pasado sino lo que se recuerda
de los hechos acaecidos. Marco Polo -como la mayoría de nuestros
contemporáneos- no lograba visualizar la diferencia y planteó
que si, por ejemplo, el río Amarillo produjera una terrible
inundación, era probable que el hecho se recuerde, y también
la fecha, y esto sucedería tanto si se tomaran notas escritas,
como si no. El Historiador, pacientemente, le explicó que
esto era cierto. Sin embargo -le hizo notar- las circunstancias
concomitantes no se recordarían. Por ejemplo, si el emperador
reinante acudiera rápidamente en ayuda de las víctimas y las
rescatara y les diera nuevas tierras, entonces la dinastía
Yuan podría parecer menos benevolente. Por eso la tarea del
Historiador era dejar constancia de que aquel emperador anterior
se había mostrado insensible ante los sufrimientos de su pueblo.
Así, la tarea del Historiador no es monótona, ni consiste
en buscar o escribir registros, sino que es una tarea creativa,
y la historia un proceso fluido que no acaba nunca (el Historiador
Chino era consciente de que otros Historiadores venideros,
construirían su propia Historia). Dice la leyenda que los
historiadores chinos, han seguido siempre con esta maravillosa
tradición , y los occidentales... también -sólo que los primeros
suelen reconocerlo y los otros ni siquiera se dan cuenta.
La idea del conocimiento como verdadero y fundamentado ha
tenido muchos opositores. En este sentido no hay duda de que
ciertas afirmaciones de los "nuevos paradigmas" tienen claros
antecedentes. Sin embargo, en la contemporaneidad, trabajamos
sobre otras narraciones, partimos de otra historia y por lo
tanto construimos otro escenario. La historia que yo quiero
contar empieza con Thomas Kuhn, que acuñó el término "paradigma"
en su extraordinario texto "La Estructura de las Revoluciones
Científicas" (1962). Si quieren despuntar el vicio de la "antecedentitis"
hay varios pensadores que unos años, y aún décadas antes que
Khun, ya habían planteado algunas cuestiones relevantes sobre
el problema del conocimiento. Uno de ellos, aunque a muchos
los sorprenda, fue Karl Popper, que planteó que el conocimiento,
incluido el conocimiento científico, era una cuestión de conjeturas
audaces, en este sentido yo coincido con Popper. Desgraciadamente,
su audacia terminó con esa afirmación. Su línea de trabajo
lo llevó a afirmar posteriormente que la ciencia era una actividad
que podía ir eliminando las conjeturas que no eran "verdaderas",
de tal manera que la humanidad podía ir acercándose, por lo
menos asintóticamente, a la verdad. El problema que Popper
quiso dejar afuera salió por la puerta... y entró por la ventana.
En este sentido toda corriente a la que llamemos positivista
va a estar siempre ligada al problema de "la verdad como correspondencia",
y tendrá una concepción absolutista de ésta. Los positivistas
clásicos hablaban de la verdad como una correspondencia directa
entre el conocimiento y lo que era conocido. Los positivistas
lógicos fueron un poquito más sofisticados y se han apoyado
en una semántica objetivista -que en una versión ultra-simplificada-
plantea que hay objetos allá en el mundo, este grabador por
ejemplo, y que el sujeto se hace de ellos una representación
mental isomórfica de ese objeto, y las palabras son por lo
tanto meras "etiquetas" de esas representaciones mentales.
Esta teoría es la que -en buena medida- ha comenzado a caer
y que ha llevado a profundos cambios en el pensamiento contemporáneo
sobre el conocimiento y que afecta sobremanera el campo de
la subjetividad.
Desde la concepción positivista del conocimiento y del lenguaje
el objeto está allí (afuera) y es "en sí"; y el sujeto es
un mero espejo -por eso Rorty llamó a este punto de vista
"La filosofía como el espejo de la naturaleza". Ahora bien,
desde esta perspectiva, ¿cuál es el rol del sujeto? Lo único
que el sujeto puede hacer es equivocarse, arruinar, degradar,
distorsionar, porque cualquier interferencia subjetiva, va
a hacer que la representación sea menos isomórfica con las
cosas de mundo. Entonces el sujeto devino fuente de error
exclusivamente -desde Bacon en adelante-.
Lo paradójico de la Modernidad, es que con Descartes inventó
al sujeto, y Descartes lo aplasta inmediatamente. Si uno hace
una recapitulación rapidísima y salvaje del movimiento cartesiano
-que es lo que único que puede hacerse en el marco de una
conferencia-, puede decir que a través de la duda él llegó
a la certeza de que "piensa, luego existe". Pero una vez que
llegó a tener esta certeza de que "piensa, luego existe",
se dio cuenta de que necesitaba restituir la realidad al mundo,
porque si no caía en el solipsismo, y con el solipsismo se
hace terrorismo verbal, pero no filosofía. Entonces, había
que devolverle alguna clase de entidad al mundo. Pero, ¿cuál?
¿Qué cosas existen, pensó Descartes? Aquellas que se pueden
ver claras y distintas, se contestó. ¿Y cuáles son las cosas
que se pueden ver claras y distintas? Los objetos matemáticos.
Entonces del mundo lo que tiene entidad son los objetos o
las idealizaciones matemáticas.
Este movimiento cartesiano no hubiera tenido tanto éxito si
de alguna manera no se entronca con el desarrollo de la ciencia
moderna, produciéndose un extraño maridaje con el pensamiento
newtoniano y el empirismo inglés. Newton aporta una teoría
en que la herramienta matemática, además de permitir la contemplación
de las verdades ideales y maravillosas, puede unirse como
lenguaje a la herramienta experimental. Siguiendo la vieja
línea de Bacon donde "saber es poder", Newton introduce el
lenguaje matemático en un modelo experimental, ligado al mundo
fáctico. Sin embargo, no se trata de la naturaleza "en vivo
y en directo" sino del domesticado mundo fáctico encerrado
entre las reducidas paredes del laboratorio. ¿Por qué o para
qué esta restricción, del mundo -ancho y ajeno- al laboratorio
-limpio y ordenado? Para que el sujeto no arruine todo con
su subjetividad. El mundo del laboratorio no es un "micro-mundo",
aunque es pequeño, sino que es más como una caricatura de
la naturaleza. Sólo algunos rasgos se destacan en este espacio
experimental, tenemos que hacer variaciones de una en una
y de a poquito, sólo una variable, y suponer -gracias a la
cláusula Ceteris Paribus- que todo el resto del universo no
se modifica mientras yo estoy haciendo el experimento. Si
no acepto esta cláusula no puedo sacar conclusiones universales
-que son las únicas valiosas para la Modernidad. Entonces,
el experimento es algo repetible, estandarizado, cualquiera
que lo haga tiene que tener el mismo resultado. El proceso
de estandarización, una vez que está suficientemente afiatado
en toda la esfera social -capitalismo y educación mediante-,
se vuelve natural. Las cosas "son así" porque las herramientas
con las cuales yo las mido son estas. Pero no porque yo sujeto
las mido, sino porque la "regla" de la sociedad estandarizada
permitió que se las midiera, y todos nos olvidamos que hubo
algún momento en que la medida no era "en sí", sino que fue
campo de "convención", campo de "acuerdo" social (más o menos,
violento, más o menos representativo). Es interesante destacar
que aunque la gente crea que la primer medida de la Revolución
Francesa fue desempolvar la guillotina, sin embargo, fue algo
mucho menos romántico como implantar una reglamentación del
"Sistema de Pesos y Medidas". (Y recordemos también, que los
ingleses nunca aceptaron ese sistema, porque no tienen la
menor intención de permitir que les reglamenten el campo del
conocimiento).
El tema es, entonces, que este mundo de la objetividad es
un mundo estandarizado, es un mundo que se va sosteniendo
en los propios procesos que le van dando origen y que quedan
naturalizados como tales, y -sobre todo- es un mundo donde
el sujeto no tiene ningún lugar. En el siglo XIX, aparecieron
los románticos y dijeron: esto es un espanto, no hay lugar
para el sujeto. El sujeto que es voluntad, creatividad, genio,
flama y figura tiene que tener algún lugar en esta cultura.
Entonces, en una decisión salomónica decidieron que los positivistas
y los científicos se quedaran con el mundo de la objetividad
-y esto lo acompañó bastante bien la filosofía Kantiana- y
los románticos con el mundo del sentido, de la creatividad,
de las artes, de la ética, de la estética, del sentimiento,
de la pasión. Este movimiento romántico -aparentemente contrario
al positivismo-, lo que hizo fue sostener aún más al movimiento
positivista; paradójicamente, gracias a su férrea oposición.
Así llegamos hasta principios de este siglo, donde empiezan
a hacer agua ambos sistemas. Un hito del fin de siglo pasado
fue la aparición de las geometrías no euclidianas. En el campo
de la ciencia más pura de las puras, apareció algo francamente
inesperado: lo obvio había dejado de ser obvio. La geometría
euclidiana tiene cinco postulados, el último dice que por
un punto exterior a una recta pasa una sola paralela. Si alguna
vez se dudó, fue respecto de él. Si hacemos "antecedentitis"
unos cuantos malvados en la historia pusieron en duda el quinto
postulado... pero nunca pudieron hacer nada contra él, hasta
que hacia el final del siglo XIX, varios investigadores -aunque
muchos de ellos no se atrevieron a publicar- encuentran que,
efectivamente, no es necesario aceptar ese postulado. Y no
sólo eso, sino que a partir de esta decisión es posible inventar
varias geometrías. Rápidamente hubo una reacción.
Desde el establishment matemático y positivista se oyó decir:
Muy bien, se pueden "inventar" varias geometrías, pero no
son más que meras "invenciones", juegos sin significado empírico,
el espacio sigue siendo y siempre será euclidiano -y nada
más!! Tanta soberbia se apagó rápida -pero no instantáneamente-
con la teoría de la relatividad de Einstein, en la cual el
espacio no es Euclídeo. A partir de entonces, eso que era
una mera y absoluta invención, un pasatiempo lúdico de los
matemáticos, se convirtió en el fundamento de la ciencia física
de nuestro siglo. Pero no todo son rosas en el jardín de la
física, el propio Einstein sentó las bases de la teoría cuántica,
y así como Descartes inventó al Sujeto y después lo aplastó,
Einstein puso una de las piedras fundacionales del edificio
cuántico y dedicó el resto de su vida a tratar derrumbarlo
-sin éxito, a diferencia de Descartes. ¿A qué se opuso Einstein
con tanto tesón? Su gran enemigo fue el Principio de Incertidumbre,
también conocido como Principio de Indeterminación. Estas
dos denominaciones no son equivalentes, y cada una va a dar
lugar a pensar los términos "sujeto" y "objeto" en una dimensión
distinta.
El Principio surge de la constatación del hecho de que, cuando
quieren medir la velocidad de una partícula, se la perturba,
y por lo tanto abandona la posición en que estaba, entonces
aparece la imposibilidad de medir al mismo tiempo la velocidad
y la posición de una partícula. Desde la óptica del Principio
de Incertidumbre, esta imposibilidad se le atribuye a nuestra
propia incapacidad, es decir que el bellaco de la película
es el sujeto, que -pobrecito- no sabe. Nuevamente es el sujeto
el que no puede tener certeza, porque sus métodos son siempre
falibles y limitados. Ahora bien, antes dije que Principio
de Incertidumbre y el Principio de Indeterminación, no eran
equivalentes y ahora quiero agregar que no son cognitivamente
equivalentes aunque sí lo son matemáticamente, la diferencia
radica en la interpretación que hacemos. El Principio de Indeterminación
plantea que no podemos medir porque la realidad no está determinada
independientemente de la medición, y no porque haya alguna
falla del sujeto. Y esto es algo realmente -como dirían los
filósofos clásicos- que repugna la razón (Moderna). ¿Qué quiere
decir que la realidad no está determinada? Y es aquí donde
entra en escena un personaje desconocido en la física clásica:
el observador. En las interpretación más aceptada de la teoría
cuántica el observador es parte intrínseca de toda teoría.
Con la aparición del observador como un lugar a pensar, pero
ya no como algo externo, ajeno a la ciencia, sino interno
a la explicación, aparece la necesidad de reflexión epistemológica
sobre el lugar que le corresponde. Aún estamos muy lejos de
hablar del Sujeto, que parece ser una palabra maldita, y siempre
hay que referirse a él, sin que parezca que se trata de él.
La cibernética de segundo orden -una perspectiva conceptual
desarrollada en las últimas décadas, va a plantear un darse
cuenta de que el observador está siempre necesariamente, porque
no hay posibilidad de conocer aquello con lo cual no se tiene
ninguna clase de contacto. Aunque parezca algo absolutamente
obvio y elemental, uno no puede conocer algo con lo que no
ha tenido contacto de ningún tipo. Aquello que es totalmente
independiente de mí, no podrá ser conocido por mí. Desde esta
perspectiva el sujeto parecería tener algo que ver con la
existencia creación y función de los objetos. En la filosofía
este planteo tiene larga data.
Kant planteó claramente que sólo conocemos los fenómenos,
es decir que diferenció perfectamente el "objeto del conocimiento"
del "objeto en sí", es decir, del objeto independiente de
mí, que pertenece a otro ámbito: el del nóumeno, al que no
podemos acceder. Este fue un paso fundamental, sin embargo
la tarea quedó a mitad de camino y el sujeto se diluyó en
una concepción universalista. El Sujeto Kantiano es un Sujeto
universal, porque es un conjunto de casillas que ya están
predeterminadas, donde la causalidad, el espacio, el tiempo,
son categorías que organizan la cognición pero que no son
subjetivas, es decir ligadas a la experiencia, la historia
y el devenir de un sujeto particular, encarnado y vital. Desde
esta perspectiva, Kant fundamentó la objetividad en base a
la actividad cognitiva de un sujeto abstracto y universal.
Como vemos, los discursos desde la objetividad niegan al sujeto,
niegan la interacción y la historia, y en los pocos casos
en que mencionan su existencia, es desde la limitación absoluta,
el error, la desviación. Este es el lugar clave que hoy estamos
poniendo en duda. Las nuevas perspectivas epistemológicas
coinciden en tomar como punto de partida a la interacción.
Es a partir de la interacción que se co-constituyen tanto
sujeto como objeto. El Sujeto como función activa de producción
de ese Objeto particular de conocimiento y que a la vez es
producido por sus interacciones con esos objetos de conocimiento
que por lo general, son otros sujetos. Hemos salido del espacio
cognitivo Euclídeo para entrar a un doble bucle ligado, por
un lado del Sujeto hacia los objetos y por otro lado del Sujeto
hacia el imaginario social y la interacción con los otros
sujetos. El sujeto no interacciona con los objetos desde una
"subjetividad interna, absoluta e independiente", como un
carozo que uno tiene desde el momento en que nace. La interacción
del sujeto humano con los objetos se da siempre en un contexto
específico: en una cultura, en un lenguaje, entramando en
relaciones familiares cercanas, "anche" lejanas y hoy -además-
ciberespaciales.
Una transformación epistemológica en cuanto a las consideraciones
del campo de la objetividad, lleva a replantearse inevitablemente
el campo de la subjetividad. Y en este sentido hay un punto
que es, creo, crucial conversar con Uds., que es la distinción
entre la subjetividad y esa "flama interior" del romanticismo.
La subjetividad, si estamos planteándolo desde un modelo básicamente
interaccional, no puede ser un carozo. Porque para interaccionar,
y esto como definición de base, como postulado, tenemos que
ser sistemas abiertos. Desde la posición de Leibniz, que reza
que "las mónadas no tienen ventanas", no hay interacción posible,
porque los límites de la mónada son infranqueables, (noten
que tampoco puede haber cambio). Desde la interacción hay
cambio necesariamente. Esta es la característica central de
los sistemas abiertos, válida tanto para sujetos como para
objetos de conocimiento. Cuando decimos que todo lo sólido
se desvanece en el aire, no estamos hablando solamente de
los edificios. Estamos hablando de nosotros mismos. En el
mundo "psi", mientras se habla de "nuevos paradigmas" en la
física, la química, a la biología, todo el mundo se muestra
muy tranquilo y satisfecho... pero cuando empezamos a pensar
en que la subjetividad no es un carozo, en el sentido de no
pensarla como una estructura sino como un devenir estructurante,
entonces comienzan los murmullos y resquemores. Cuando planteamos
la subjetividad como un devenir, somos conscientes de la necesidad
de compatibilizar el cambio con una cierta estabilidad, ¿cómo
pensar esas estabilizaciones relativas? Paradójicamente la
fuente de la estabilidad, también lo es del cambio: la propia
interacción. El imaginario social va sosteniendo y deshaciendo
realidades permanentemente en distintos ritmos, y también
en relación a ciertos nichos ecológicos donde nosotros estamos
ubicados.
Una característica central del fenómeno de la modernidad es
la de pensar el espacio euclidiano como un cubo infinito igual
en todas las direcciones. El espacio de la modernidad es isótropo,
indiferenciado, abstracto e independiente. Los espacios en
lo que se está pensando actualmente no son idénticos en todas
las direcciones, hay flujos, hay relaciones, hay interacción,
hay nichos que se van formando, deformando, reformando y transformando.
En este sentido, es muy interesante cuando se plantea este
problema desde el punto de vista organizacional. Nosotros
podemos pensar lo organizacional tanto a nivel del sujeto,
como de las organizaciones donde el sujeto participa. Este
ámbito es interesante para comparar el modelo mecánico clásico
y algunas versiones alternativas. Una versión clásica puede
ejemplificarse pensando en los típicos organigramas institucionales,
esos que parecen peines con piojos, en los que se ve una barra
dentada -el peine- de la que salen unos redondelitos -que
son los piojitos. ¿Cuál es la característica central de este
tipo de organigrama? Que deja a toda la realidad social congelada
en este esquema, y como dicen los abogados: "lo que no está
en el expediente no está en el mundo". En nuestro caso: "
si no está en el organigrama, no existe", por lo menos, desde
un cierto discurso legitimado. Porque una de las cosas con
las que nosotros lidiamos permanente es con los discursos
legitimados, y con los discursos soterrados, informales.
En este sentido la estructura conceptual clásica del mecanicismo,
comparte con el estructuralismo -no con el estructuralismo
Piagetiano, que siempre quedó en el borde sin definirse, pero
sí fuertemente con un estructuralismo de Levi Strauss-, el
hecho de que son modelos ideales, arquetípicos, eternos. La
diferencia radica exclusivamente en que los estructuralistas
en vez de tener un átomo elemental, tienen una estructura:
un sistema de parentesco, por ejemplo, inmodificable, esencial.
Esta es una de las características fundamentales del mecanicismo.
Un chiste puede servir para comprender mejor este planteo:
Un Sr. que es criador de caballos de carrera, tiene un caballo
nuevo, en el que invirtió muchos dinerillos, pero -para su
desgracia- el caballo siempre pierde. El Sr. no sabe qué hacer,
lo lleva a un veterinario, a un dietista, a un psicólogo,
a un endocrinólogo... Y no pasa nada. Un amigo le sugiere
que consulte con un físico, que son los genios de esta época.
Desesperado el señor consulta con un físico renombrado, que
le dice: déjemelo, yo voy a estudiar su problema. A la semana
el físico le informa al Sr. que ya tiene la solución de su
problema. Lo lleva frente al pizarrón y le dice: "Sea el caballo
de masa puntual y rozamiento despreciable: ganará siempre
en las carreras".
Efectivamente, siempre en un sistema ideal, los caballos ideales
ganan las carreras, desgraciadamente esto no le fue de gran
utilidad al criador. Pero a veces uno compra modelos que no
sirven para nada, durante muchos años, prueba reiteradamente,
creyendo que el fracaso va por cuenta de la propia incapacidad.
Aunque este no es el caso de los modelos mecánicos, que suelen
ser muy eficaces en muchas áreas, sólo que para que funcionen
esas idealidades, fuimos aislando nuestros sistemas. Hemos
ido construyendo un mundo tal que nuestros modelos mecánicos
resulten funcionales, aislamos las máquinas con grandes caparazones
de metal y construimos edificios para albergarlas. Nuestra
arquitectura es -en buena medida- un resultado del mecanicismo
y de que nuestra geometría es euclidiana, porque, en la selva,
no es tan fácil que a alguien se le ocurra que el espacio
es euclidiano, pero hemos construido nuestras ciudades siguiendo
este modelo geométrico, que concibe "las formas claras y distintas"
como cubos, rectángulos, rectas, círculos, etc. Sin embargo,
en la medida en que construimos nuestros objetos y poblamos
y armamos el espacio con estas formas, es bastante probable
que cada vez estemos más convencidos de que estas son las
formas más "naturales" y olvidemos que apenas hemos logrado
estabilizarlos en determinados contextos a través de procesos
de estandarización.
Los sujetos también pueden intentar estandarizarse de esta
manera, parecen tener un poquito más resistencia que los electrones,
aunque no mucho. La escuela es el ámbito de estandarización
y domesticación del sujeto. Algunas personas, hacen más resistencia
a la estandarización, así como muchos sistemas físicos no
han logrado ser doblegados por el "poder del saber". No podemos
lograr convencer a una tormenta, de que no venga; ni podemos
predecirla con cualquier anticipación que queramos. La ciencia
clásica tiene límites, su universalidad y progreso permanente
están hoy seriamente cuestionados. Sin embargo, los positivistas,
y otros cientificistas, no se dan por enterados. Esto se debe
-en parte- a que otra de las características de la ciencia
clásica, en cuanto a su estilo de legitimación, es no publicar
nada que haya resultado un fracaso. La filosofía del conocimiento
como verdad y fundamento, implica concebir al error necesariamente
como un fracaso, que siempre esta del lado del sujeto, y por
lo tanto es impublicable.
Uno de los puntos claves de ruptura con el mecanicismo es
a partir de la revisión de la causalidad y de su lugar en
el campo de las explicaciones científicas. Uno de los filósofos,
y para mí es gracioso citarlo -más aún en este lugar- que
mejor se da cuenta de esto es Mario Bunge, que tiene un extraordinario
libro llamado "La causalidad", editado por EUDEBA. Una de
las cosas que Bunge muestra, de una manera muy bella, es cómo
el principio central de la física clásica, el Principio de
Inercia, no es causal. El Principio de Inercia dice que los
cuerpos se mueven. No dice por qué se mueven, ni a causa de
qué se mueven. El movimiento es inmanente a los cuerpos, y
por lo tanto este es un principio acausal. No se trata de
anticausalismo sino que el Principio de Inercia no pertenece
al orden de la causalidad. Lo que sí pertenece al campo de
la causalidad es el "cambio de movimiento", porque para producirlo
intervienen fuerzas. Fuerzas que pueden ser medibles dentro
del modelo mecánico. Entonces, el cambio de movimiento puede
ser explicado pero no su origen. En este sentido, cualquier
pregunta por el origen pone tremendamente nerviosos a todos
los científicos, en cualquier ámbito, incluidos los "psi".
Porque la pregunta por el origen se resiste a una respuesta
causal. Esto no quiere decir que nosotros no inventemos toda
clase de respuestas causales a preguntas por el origen (parece
ser que padecemos de verborragia compulsiva, que nos lleva
a rellenar todo misterio con respuestas). Sin embargo, la
pregunta por el origen, en el sentido de ¿cómo apareció algo
que no estaba? no puede ser respondida causalmente, porque
la causalidad implica un estar antes, implica un antes y un
después de un existente, implica un lógica de la anterioridad.
En este sentido algunos filósofos contemporáneos para poder
pensar el origen tomaron prestada del vocabulario natural
una palabrita muy sugestiva: emergencia . Cuando nosotros
preguntamos por el origen de la conciencia, o de la vida,
una de las respuestas que obtenemos desde lo que se ha dado
en llamar "nuevos paradigmas" es que se trata de "niveles
emergentes". ¿Qué quiere decir que esto?: que la conciencia
o la vida no pueden ser explicada sin la conciencia o la vida,
así de sencillo. Y así de indigerible para el pensamiento
reduccionista, porque una de las características de la modernidad,
es haber intentado explicar la vida sin la vida, y la conciencia
sin la conciencia. Lo que el emergentismo niega es que esto
sea posible.
Quisiera hacer algunas precisiones interesantes que nos ayuden
a comprender el punto de vista del emergentismo. Desde mi
perspectiva conceptual es imprescindible destacar que la emergencia
no es un proceso autista. Lo que emerge es una "nueva distinción".
Una de los conceptos relacionados con la emergencia, y que
nos ayuda a pensar cómo aparece la novedad, es el de autoorganización.
Existe hoy en día una amplia bibliografía sobre sistemas autoorganizados.
Von Foerster, que ha sido uno de los precursores de este campo,
y uno de los personajes con el sentido del humor más delicioso
que he conocido en mi vida, se presentó en uno de los primeros
congresos de autoorganización con un maravilloso trabajo que
planteaba que la autoorganización no existía. Porque nada
puede autoorganizarse solo en medio de la nada. En la medida
en que algo se autoorganiza, lo hace en un entorno. Vamos
a tomar una figura muy interesante para ilustrar esta idea:
el Ourosbouros: la serpiente que se come la cola. Cuando logra
su cometido ¿qué es lo que sucede? Quedó delimitado un adentro
y un afuera. La emergencia nunca se da sola, el medio no era
medio antes del sistema, y el sistema no era sistema antes
del medio. Antes de la emergencia sólo hay una realidad indiferenciada
en relación a la nueva distinción emergente. En nuestro ejemplo,
adentro y afuera no tienen sentido antes de que se cierre
el círculo, por lo tanto es mejor hablar siempre de co-emergencia.
Desde este lugar, cuando emerge la conciencia necesariamente
también lo hace la inconsciencia (en caso contrario no habría
diferenciación y por lo tanto no habría conocimiento).
Esto no quiere decir que este inconsciente del que yo estoy
hablando sea el inconsciente freudiano (el inconsciente reprimido),
desde ya no lo es. Es una clase de inconsciente que Freud
llamó inconsciente descriptivo, que emerge directamente en
el mismo momento en que distingo una conciencia. Mientras
haya cambio, tiene que haber algo que permita el cambio, entonces
-volviendo a nuestro ejemplo- la serpiente al comerse la cola
no formó una barrera infranqueable. Para poder conectarnos
con esta relación emergencia-cambio, creo que es mejor utilizar
otra metáfora. Estoy pensando en la membrana celular, por
ejemplo, que es un sistema semipermeable, y aquí volvemos
a encontrarnos con la paradoja de lo que se da en llamar sistemas
abiertos. Cuando uno se da cuenta que "Sistema Abierto" es
una construcción paradojal -desde la mirada clásica-, ya hizo
un click hacia un cambio de paradigma. ¿Por qué es una paradoja?
Porque para ser sistema tiene que ser algo, tiene que tener
alguna clase de diferenciación y tiene que tener frontera,
y algún grado de consistencia, por mínimo que sea. Hasta aquí
todo va bien con la lógica clásica, pero resulta que un sistema
abierto, es un sistema que intercambia, y por lo tanto cambia,
necesariamente -por definición- es un sistema que permanentemente
va a estar en ese cambio activo, y esta noción dinámica de
la identidad no entra dentro del estrecho marco de la filosofía
esencialista (ni griega, ni moderna, ni atomista, ni estructuralista).
Cuando hablamos de sistema abierto, planteamos que algunas
cosas van a poder ingresar a él, y otras no, y retomando nuestra
metáfora celular vemos que las membranas son semi permeables.
Si pensamos en un nivel de complejidad mayor, podemos ver
cómo Freud, en su maravilloso trabajo llamado "Proyecto de
una Psicología para Neurólogos", va planteando estos temas
-aunque en el marco de una epistemología que no le permite
llegar al fondo de la cuestión-. Freud jamás pudo atravesar
esta "barrera epistemológica", porque su interés central no
era la epistemología, y además tenía bastante que hacer con
inventar el Psicoanálisis. Pero si nosotros retomamos estos
planteos, vemos que el Yo, como estructura autoorganizada,
es necesariamente variable. En este sentido, hoy podemos pensar
al sujeto y al mundo como flujos en interacción, y por lo
tanto atravesar las fronteras que impedían pensar a la subjetividad
de una forma distinta a la clásica.
El psicoanálisis clásico tiene una alta impronta de romanticismo,
en todo sentido, desde un gusto estético -no en vano Freud
fue premio Goethe- hasta todo su desarrollo en el campo más
puramente psicológico, pero sentado sobre un fuerte pedestal
de racionalismo positivista, que también es bastante obvio
en "El Proyecto...". Hoy podríamos reescribir "El Proyecto..."
mostrando cómo muchas de esas intuiciones pueden entrar dentro
de otro marco conceptual..., pero ésta es una tarea pendiente.
No es sólo una cuestión de cambiar palabras, sino que al cambiarlas
también mutan nuestros mundos significativos, porque lo que
una identidad dinámica implica, tiene mucho que ver con los
contextos de cambio; y éstos no pueden limitarse a una sola
metáfora, se llame Edipo, castración, o como más les guste,
no creo que los contextos de intercambio puedan estar limitados
en una sola dirección. En este sentido tuve, hace un tiempo,
una discusión bastante interesante, que trataba de que si
un terapeuta puede modificar lo que se llama estructura del
sujeto, ¿por qué no podrá cualquier otra persona o acontecimiento?
Desde esta particular perspectiva, el término acontecimiento
adquiere hoy, no sólo en la filosofía sino en la ciencia,
una dimensión especial. La idea de que las estructuras dinámicas
o sistemas abiertos mantienen su organización a partir de
fluctuaciones, y que hay muchos modelos distintos, para mantener
estas organizaciones, y distintas metáforas para pensarlos,
nos abre la puerta hacia nuevos escenarios del pensamiento.
Ahora quisiera trabajar con dos metáforas, que me gustan mucho
porque son muy fáciles. Tratemos de pensar en un hoyo, como
los de golf. Cualquier movimiento que se le imprima a una
pelotita que está en el fondo del hoyo, si es de baja energía,
es muy probable que deje a la pelotita en ese lugar; y si
el hoyo es muy profundo, casi no importa la energía que uno
le dé, la pelotita sube y baja un poco, pero vuelve a quedarse
en el fondo. Mantener un equilibrio de este tipo es fácil.
La modernidad fue generando un nicho, que obligó al pensamiento
a limitarse a un rango de acción de equilibrios de este tipo.
En cambio hoy podemos pensar que hay muchos más fenómenos
de borde, y que estamos más bien al revés, en la cima de una
montaña y que mantenernos allí nos implica un terrible costo
energético, porque cualquier movimiento nos manda al tacho.
Y lo que podemos hacer es ir caminando por los bordes, o más
poéticamente como lo que decía Bachelard: "hay que ir por
el lado de que la razón gusta de estar en peligro". Sin embargo,
para el sujeto esto es enérgicamente costoso. Pero no tengo
dudas de que vale la pena -al menos para mí-, porque lo saca
de este lugar de mero error, y lo pone en un lugar de sujeto
limitado, pero abierto a un mundo de posibilidad. Aunque ya
no en el sentido de una identidad cristalizada, sino en el
sentido de un devenir posible.
Hay una metáfora que es muy linda, la de la estructura de
las proteínas. Según vimos alguna vez en el colegio una proteína
es similar a un trencito de aminoácidos. Eso es la estructura
primaria y no es más que una idealización simplificadora.
Pero nuestro mundo, no es el "Topos Uranus" platónico, y aquí
en el mundo físico hay interacción entre estos aminoácidos
y el medio, que hacen que el "trencito" se vaya enrollando,
o formando una hélice, o tomando otras configuraciones. Esa
otra estructura se llama secundaria. Y después hay otra estructura
más, que es cuando esa estructura se une con otras para dar
la estructura terciaria. Sin embargo es interesante darse
cuenta que el orden de los aminoácidos, la estructura primaria,
no determina ni la estructura terciaria ni la cuaternaria,
aunque su influencia es importante -incluso fundamental-,
la estructura interna no determina el futuro de la organización
proteínica. El orden de los aminoácidos hace que ciertas transformaciones
sean posibles y otras no, es decir impone ciertas restricciones
al devenir posible. Esto nos lleva directamente a la afirmación
fundamental que quiero transmitirles: la clase de transformaciones
posibles de un sistema depende tanto de la historia de interacciones
como del orden constitutivo. En este sentido, el tránsito
histórico de un Sujeto, si tomamos esta misma metáfora, tiene
que ver con aquellas estructuras por las que ha pasado, y
en este sentido no abandonamos la necesidad de pensar y distinguir
ciertas clases de estructuración, pero siempre y cuando podamos
pensarlas dinámicamente como focos de transformaciones posibles.
Porque además se supone que la terapia tiene que ver con el
cambio, no con que esa estructura se autoconsuele de ser lo
que es (como en la magnífica canción que decía: soy pero ya
no me importa, porque tomo Coca-Cola).
Creo que, en este sentido, el que los modelos causalistas
estén francamente en deterioro, y los modelos de la complejidad
estén avanzando, es bastante auspicioso también para poder
encontrar otras metáforas en el campo de la subjetividad que
nos permitan repensarnos. Porque también es bastante ingenuo
pensar que las metáforas del campo de la subjetividad puedan
andar tan lejos del resto de las metáforas de la cultura.
Muchas veces se dice: ¿por qué tenemos que estar importando
cosas de la física, de la química o de vaya a saber dónde?
Porque lo que sea que pensemos está en comunidad con un sistema
mayor con el cual interaccionamos permanentemente. Una de
las ideas claves de la contemporaneidad que cada vez se va
delineando con más claridad y riqueza es la de diseño y de
escenarios. Hoy en día, al perderse esa ilusión de universalidad
que planteaban los modelos causalistas atrapados en el Principio
Leibniziano de Razón Suficiente, necesitamos de otras metáforas
para construir sentido. Es por eso que se hace tan interesante
-como necesario- explorar la idea de escenarios que nos permitan
jugar, sin intentar una predicción absoluta, pero manteniendo
la potencia del pensamiento prospectivo, dando lugar a escenas
complejas, con tendencias, con fuerzas, con paisajes peculiares.
Abrirse a nuevas formas de pensar, implica no solamente -ni
meramente- un cambio teórico, sino también -y especialmente-
un cambio en las prácticas sociales. Ciertas prácticas dejan
de tener sentido, pero ¿por qué y cómo? En la medida en que
van fortaleciéndose los ámbitos de interacción, emergen nuevas
teorías, nuevas prácticas, nuevos valores, es decir: nuevos
paradigmas. Estos son algunos de los puntos claves los nuevos
escenarios en las ciencias tanto duras como blandas. Y la
idea misma de escenarios, creo que en una Sociedad de Psicodrama,
es interesante para terminar.
Abro a las preguntas, dudas, críticas, cuestionamientos.
Pregunta: Una frase que he leído dice que en este juego
del psicodrama somos el juego y los naipes, este es el juego.
Respuesta: Esta es la paradoja de todos los sistemas
de autoorganización. Y, en realidad, es la esencia misma de
la idea de paradoja, que es la autoreferencia. Una paradoja
se produce en cualquier circunstancia en que haya un bucle
de autoreferencia. La famosa paradoja de Epiménides, por ejemplo,
dice que él, que era un Cretense, se paraba en las puertas
de Creta y decía: todos los Cretenses son mentirosos. Si decía
la verdad... mentía, y si mentía... decía la verdad. Cualquier
sistema de autoreferencia directa o cruzada desemboca en una
paradoja. Desde la lógica clásica, las paradojas son ofuscaciones
de la razón, porque la razón está autocontenida en los tres
principios de la lógica: identidad, no contradicción y tercero
excluido. El principio de identidad es el que yo más aborrezco,
porque al decir que "el ser es, y que el no ser no es", parte
de una idea contraria a la que planteé antes sobre el origen,
donde "el ser es" sólo respecto de un no ser, porque si no
yo no me daría cuenta. Entonces, cualquier sistema de conocimiento
necesariamente es autoreferente y paradojal. En este sentido
Von Foerster, con su característico sentido del humor, tiene
un artículo que se llama algo así como Círculos viciosos,
paradojas, contradicciones y otros dispositivos creativos.
Y yo planteo en un trabajo que se llama Paradojar (publicado
en Zona Erógena), que las paradojas son compuertas evolutivas.
Hay una que estoy usando mucho últimamente, que me dijeron
mis alumnos del ciclo básico: " "Todo junto" se escribe separado.
Y "separado" se escribe todo junto". ¿Cómo se sale de esta
paradoja? Cuando podemos crear y distinguir dominios distintos,
que hacen que las paradojas se disuelvan. Las paradojas resultan
odiosas para las mentalidades positivistas porque nos muestran
que no puede haber referentes puros independientes del lenguaje.
Las paradojas muestran la autoreferencialidad del lenguaje.
Maturana, ha desarrollado una teoría "autopoiética", que dice
que los sujetos y todos los seres vivos en general, somos
estructuras en clausura. Parece contradictorio con lo que
venimos diciendo, pero ponerle estos nombres forma parte del
peculiar humor constructivista. Cuando él dice en clausura
quiere decir: son sistemas determinados en su estructura.
¿Qué quiere decir con esto? Si uno tiene un grabador, aprieta
con el dedo y el grabador no hace lo que uno supone debería
hacer. ¿Qué hacemos, entonces? ¿Mandamos el dedo al mecánico?
No, enviamos al grabador al service. ¿Por qué? Porque suponemos
que algo en la organización del grabador no respondió como
uno esperaba que respondiera. Porque el grabador está determinado
en su estructura, sobre todo porque es un objeto diseñado,
y todo lo que yo refiera de él... porque su estructura es
lo que yo digo que es su estructura, para lo cual yo lo diseñé,
para que funcione así. ¿Y por qué un sujeto podría ser alguien
determinado en su estructura? Esta es la parte más paradójica
de todas. El dice que si somos sistemas cerrados en nuestra
estructura no quiere decir que no podamos cambiar, sino que
los cambios son una relación entre lo que nosotros tenemos
y nuestra interacción con el medio. Si recordamos la idea
de las estructuras proteínicas, veremos que en la historia
de interacciones la estructura primaria de la proteína hace
que ciertas cosas sean imposibles, pero queda abierta la puerta
para una infinidad de cambios posibles, aunque no cualesquiera.
Desde la concepción de Maturana ¿cómo es posible la comunicación?
A nadie se le ocurre decir que uno se comunica con un grabador,
lo que uno hace es disparar un efecto que ya está en la estructura
del grabador. Pero uno cree que se comunica con sus amigos,
por ejemplo. Y Maturana dice sí, uno se comunica, pero a costa
de llamar comunicación a otra cosa. El llama comunicación
a la posibilidad de perturbar la estructura de otro. Y en
este sentido la idea de comunicación no es causal, lo que
yo digo no es lo que Uds. entienden, yo lo que hago es perturbarlos
un poquito. Perturbar, tiene que ver con conmover. Y esto
se junta con otra paradoja que también está contenida en la
pregunta, que es la que plantea Magariños de Morentin, cuando
dice: el conocimiento es siempre conocimiento por oleadas.
Cuando uno lee algo, lee lo que uno ya sabe. Recién en una
3ra., 4ta. ó 5ta. lectura uno empieza a vislumbrar alguna
otra cosa. Esto es así, porque tampoco uno es un ser monolítico,
y uno mismo puede poner en juego otros elementos, otros yóes,
-Minsky habla de la sociedad de la mente-, otra parte de mí,
otro yo en mí, que me permite ser creativo, cambiar, pero
que a su vez está siempre en relación a mi red conceptual;
si a mí me dicen algo en chino, yo no entiendo, no es para
mí perturbación ni nada, salvo que estén gritando pero en
este caso sería una perturbación meramente física y no cognitiva.
Una perturbación puede ser disruptiva, o puede ser un acontecimiento.
La comunicación es un acontecimiento, pero en este sentido
es bien raro que se dé.
Pregunta: no es el mero pasaje de información...
Respuesta: Porque la idea misma de información depende
del modelo conceptual en que esté inserta. La idea clásica
de información es que cualquier tontería que yo digo es información.
Si yo te digo: vos te llamas Cecilia (a Cecilia), ¿te di información?
En el modelo clásico Sí, en el constructivista No. Información
no es que te lleguen mis palabras, las escuches, y las entiendas.
Información, para mí, es aquello que produce un cambio. En
este sentido Von Foerster dice que la idea clásica de la información,
está tomada de las hamburgueserías: en el modelo clásico la
información se puede cortar, vender, comprar, repartir, masticar.
En cambio, él plantea que información es aquello que tiene
la posibilidad de cambiar un sistema de un estado cognitivo
anterior a otro posterior distinto. Pero eso yo no te lo puedo
dar, puedo sólo ayudar producirlo desde la perturbación. El
dice que la desgracia de nuestra educación se relaciona con
un viejo chiste que apareció en una revista de Nüremberg,
en la que se ve a un tipo sentado con un embudo en la cabeza
y que le iban tirando "información" (letras, números, etc.).
Desde la cibernética de segundo orden, un proceso informativo
permite distinguir cualitativamente estados, y es maravilloso
que uno lo siente como siente un pinchazo, siente excitación,
siente luces, cada uno tendrá sus delirios ("se me prendió
la lamparita", EUREKA!!!, "hice click"). Cuando se está pensando,
cuando producimos información, se siente en el cuerpo. Es
por eso que otra de las cosas que entra muy fuertemente dentro
de estos nuevos modelos cognitivos, es la necesidad de repensar
ese cuerpo que fue totalmente arrojado a la nada junto con
el sujeto. Si el sujeto vuelve, volverá cargando con su cuerpo.
Pregunta: ¿Qué es la verdad desde los nuevos paradigmas?
Respuesta: Para contestarte sinceramente tengo que
decir que no creo que exista algo que sea homogéneamente "nuevos
paradigmas", sólo por comodidad se puede hablar así. Pero
sí podría decir qué es la verdad desde una teoría semántica
como la de Lakoff y Johnson, a quienes yo sigo en muchos aspectos,
y que tienen un libro muy interesante, especialmente para
terapeutas, que se llama "Metaphores we live by", que yo traduciría
"Metáforas a través de las cuales vivimos", y que ha aparecido
como "Metáforas de la vida cotidiana". Ellos hablan de la
verdad, pero lo que hacen es cambiar la topología de la verdad.
La verdad, desde la concepción clásica, es una correspondencia
entre "lo que se dice" y "lo que es". Si yo digo: "esto es
un vaso", y esto es un vaso, entonces lo que yo dije es verdad.
Se trata de una correspondencia absoluta. Desde la semántica
cognitiva, que reconoce la actividad del sujeto -no sólo como
fuente de error, sino como única opción del conocer- no existe
este terreno neutral que de lugar a una correspondencia bi-unívoca
entre una "representación mental" y un objeto. Por el contrario,
el conocimiento parte de experiencias guestálticas que se
transforman y autotransforman metafóricamente. En este modelo
cognitivo, la idea de la verdad es, prácticamente, una última
instancia dentro de un proceso cognitivo complejo doble. Primero
está la comprensión, si yo no entiendo cuando se dice: "esto
es un vaso", no puedo saber si es verdad o no es verdad. Después
de entenderlo, respecto a ciertas cuestiones, tengo que pensar
si es pertinente en relación a la perspectiva desde la cual
se ha hecho la pregunta o la afirmación, porque raramente
uno está hablando de "esto es un vaso" solamente. También
puede darse el caso de que sea pertinente pero irrelevante
para el problema que yo quiera tratar. Entonces viene la comprensión,
la pertinencia, la relevancia, y una vez que estamos de acuerdo
en todo esto ahí sí podemos decir: es o no es verdad. En una
semántica cognitiva algo es verdad cuando estamos de acuerdo
en relación a esa aserción, una vez ubicada dentro de un espacio
cognitivo. Ya no se trata de una correspondencia entre un
afuera y un conocimiento interior, sino es una correspondencia
dentro de un espacio cognitivo entre sujetos que están en
igualdad. Con Kuhn podríamos decir que la verdad es interna
al paradigma. Una vez que uno está dentro de un paradigma
puede perfectamente manejarse en ese mundo en términos de
verdad-falsedad. Esto es relativamente funcional siempre que
esté dentro de un nicho bastante homogéneos, pero éste no
es siempre el caso, diversos investigadores contemporáneos
plantean que los paradigmas toleran una cierta heterogeneidad.
Dentro de una misma sociedad, de Psicodrama por ejemplo, donde
están bien establecidos ciertos significados, algo puede ser
verdad para algunos y no para otros. En este sentido nunca
se puede dirimir empíricamente la verdad, esta es la diferencia
fundamental con la tradición objetivista: por más que yo tire
el vaso, lo tome, me lo ponga en la cabeza, no hay gesto que
muestre que esto es un vaso. Este es el lugar de no retorno
en cuanto a diferencia en el tema de la verdad en particular.
Pregunta: Prigogine dice que se acabaron las certidumbres...
Respuesta: Pero Prigogine es un tramposo, porque dice
que se acabaron las certidumbres pero él trabaja para construir
una nueva certidumbre... nunca termina la frase. Prigogine
me ha dicho claramente: yo soy realista de otra realidad.
En relación al principio de incertidumbre dentro de la física,
hay una sola corriente: la de David Bohm, muy sólida y reconocida
por su valor, y también muy interesante, que niega las interpretaciones
usuales, y que hace una discusión muy rica, también no determinista,
pero distinta de la interpretación habitual del principio
de incertidumbre, que es muy complejo para abordarlo hoy,
él habla de un paradigma holográfico, más bien de un holomovimiento,
que es una metáfora muy interesante para explorar.
Pregunta: la luz como onda y partícula...
Respuesta: Cuidado! La luz no es onda y partícula al mismo
tiempo. Es onda o partícula según yo le pregunte. Cada clase
de experimento hace emerger una realidad distinta. Entonces
cada espectro teórico hace emerger realidades, este es el
planteo filosófico de Feyerabend, por eso él habla de las
ventajas de la pluralidad teórica.