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¿COMO CORREGIR LA EXISTENCIA DE CORRUPTORES Y CORRUPTIBLES?
Un análisis de las consecuencias de la permisidad y el encubrimiento

Prof. Guillermo Ruiz Guevara

La corrupción, siempre, la protagonizan -activamente- los corruptores y los corruptibles; pero, hay un tercer protagonista, simbolizado en los tres monos que no oyen, no ven y no hablan; son los protagonistas pasivos. Es corrupto activo el que ejerce la "insinuación" o el pedido explícito de una maniobra ilícita, también lo es el que lo acepta; es corrupto pasivo es aquél que observando o conociendo un hecho ilícito, no participa activamente, pero tampoco lo evita ni lo denuncia; por el contrario, lo protege o lo auspicia. Es el clásico sujeto que luego reclama el "derecho de vista", acepción utilizada por éste cuando pide su porcentaje de la prebenda o coima.

Donde conviven el desesperado, el iluso, el ingenuo y el inmaduro, allí se asegura el clientelaje corruptible. Lo supo Rasputín como Richellieu y lo saben los que maniobran alrededor del poder del dinero. Cualquiera de los casos citados son el resultado del proceso educativo, es aquello que forma una sociedad en su conjunto; lamentablemente, soportada por una plataforma frágil que hace de la escuela el lugar que refleja todas las culpas del sistema social.

El desesperado nace de la pobreza, de la incapacidad para generar riqueza, es presa fácil de los corruptores, convirtiéndose en candidato fácil a ser corruptible. Al desesperado también se le fabrica, se maniobra con el hambre y la necesidad para abonar la presencia de sujetos (personas, empresas y hasta países) en ese estado.

El iluso corruptible es consecuencia de una falta de capacidad para el esfuerzo, es aquél que sustituye por lo fácil la manera para obtener una ganancia. Los ilusos que adoptan el facilismo como actitud eje favorecen la influencia de los corruptores.

El ingenuo es un sujeto cuyo pensamiento crítico jamás fue ejercitado adecuadamente, es aquel cuya buena fe es "explotable" para malos propósitos. La ingenuidad es una condición que facilita las intenciones del corruptor.

El inmaduro incluye a los tres anteriores. Un inmaduro, sin embargo, puede no tener necesidades, ser claro en sus análisis y listo en sus elucubraciones, pero débil por sus pasiones.

Si la cultura organizacional de una institución contiene sujetos con estas características, se trata de un lugar proclive a la crisis de valores.

La corrupción tiene que ver con los objetivos que motivan nuestras acciones y con el sentido de convivencia, conforme lo precisa Gustavo Espinosa Moncloa en sus estudios sobre la disciplina. El, afirma que el contexto de la reflexión sobre la corrupción es doble: los objetivos que motivan las acciones y el sentido de la convivencia.

En un texto de Espinosa, relacionado con la institución educativa, se lee: "La Disciplina Voluntaria se involucra en la normatividad de un centro educativo porque se pone al servicio de las Acciones Sociales que en ella se realizan: convivencia, aprendizaje, organización, etc. Su tarea es servirlas, para que se realicen a cabalidad. Ella misma es social. Concretamente, la Disciplina Voluntaria nace y se alimenta de dos Acciones Sociales (cooperaciones) concretas: del diálogo crítico y del consenso en lo común. Se alimenta de ellas y trata de realizar su sentido: el bien común". Descripción válida para cualquier organización.

Explica Espinosa que las acciones sociales son actividades que buscan lograr ciertos objetivos. Estos, pueden ser "internos" a la acción que realizamos o "externos" a la misma.

Por ejemplo, si tomamos al azar la actividad social deportiva, en ella podemos encontrar estos dos tipos de objetivos:

1º Objetivos internos: el deporte busca el disfrute, la expansión, el dominio, el desarrollo físico, el contemplar un buen juego, entre otros.
2º Objetivos externos: el poder, el dinero, el prestigio, la compensación, la comodidad y otros.

Tomemos, también al azar, otra acción social por excelencia: la actividad política. Igualmente, en ella podremos encontrar estos dos tipos de objetivos:

1º Objetivos internos: la política busca la realización del bien común, la mejora de la calidad de vida de todos, el desarrollo nacional, entre otros.
2º Objetivos externos: pretender el dinero, el poder, el placer, más prestigio, más comodidad, realización personal y otros.

Si realmente buscamos objetivos internos, nos daremos rápidamente cuenta que:
- Dan sentido a la acción social que realicemos (política, deporte, salud, investigación, educación, empresariado, etc.), librándonos de la insensatez, caos, individualismo y mutismo.
- Dan legitimidad social (apoyo social) a las acciones que le son inherentes.
- Apuntan a lo específico de esa acción social.
- Lo específico se puede tomar y convertir en orientaciones, fundamentaciones y objetivos concretos.
- Nos dan la sustancia de la acción.

En cambio, si realmente buscamos los objetivos externos, nos daremos cuenta que:
- No nos dan el sentido, real y profundo, de la actividad que realizamos.
- Son comunes a todas las acciones sociales.
- No nos dan especificidad ni sustancia.
- No nos dan legitimidad ni buscan realizar los motivos sociales del apoyo.
- No nos aportan orientación, fundamentación y objetivos.
- Nos dan, como resultado secundario, prestigio, poder, dinero, comodidad, etc.

Es oportuno subrayar que aunque no podemos prescindir de los objetivos externos, tenemos que evitar que tomen el primer lugar en nuestras acciones sociales. Por ello es importante una Educación en Actitudes.

¿Quiénes son los corruptores?

La historia ha registrado a algunos. Los titiriteros reales están asolapados detrás del sistema financiero, de la gran industria; agazapados cerca de los líderes políticos o convirtiéndose en tales. Ellos rodean y se apoderan de los gobiernos, para sostener sus ventajas.

Mientras se propugna un Estado al servicio de la democracia, los corruptores hacen del Gobierno su sirviente y del Estado un centro de acuerdos clandestinos. Pero cuando el ejemplo cunde y las mayorías, seducidas o impotentes, se embriagan de actitudes informales, ilegales e indecentes, en ese momento, todos contra todos, engendran un país inseguro o un infierno. En cualquier caso, el corruptor sortea el escenario y modifica sus estrategias, pero no su maledicencia; generalmente, se reacomoda.


Quede anotado que la democracia no es la culpable de la inmoralidad ni de la corrupción. La democracia no es una propuesta moral; es, más bien, una propuesta política. Se hace preciso unir lo moral y lo político. Se debe encontrar una moral acorde con la democracia.

En el caso peruano, quiénes tomaron la corrupción por bandera, en la década del 90, también sirvieron para mostrarnos en el vídeo su estilo delictivo. Falta descubrir a sus secuaces y a los aprovechadores; hoy, unos se esfuerzan por excarcelarlos y otros los utilizan en la cárcel en una suerte de extensión de la corruptela.

 

 

Corruptores y corruptibles navegan entre los gobernantes actuales. Son socios que se limpian o se muerden entre sí. Entre ellos, aplican sus propios códigos de protección y encubrimiento; pero, cuando las rencillas o el desentendimiento prevalecen, entre ellos llegan a practicar el asesinato, la acusación artera o el golpe bajo. Si esto sigue así, es muy probable que su propia Cadena del Desvalor explote y terminen despedasándose entre ellos. La violencia es así.

Entre estos hechos, sin embargo, el vídeo es un instrumento que muestra su valor. No sólo como medio de coacción de los "montesinos" o los "fujimori". Sino, también por su uso pedagógico para ejemplificar en forma gráfica y animada los temas de enseñanza; no sólo como instrumento para la publicidad de tal o cual marca. Es, también, un material que puede utilizarse en el acto formativo para regular las actitudes de los jóvenes y parece que de todos, sin distingo de edad.

En un Centro Educativo de Breña (Lima, Perú), se instalaron cámaras de vídeo en todas las aulas. Al principio, mientras los estudiantes no lo sabían, cada vez que el docente los dejaba solos, de ellos brotaban sus energías y entonces desbordaban sus emociones (natural, dirán algunos); cuando percibían que el docente retornaba, se acomodaban en un "yo no fui" y todos en su lugar, lo que sólo refuerza la heteronomía moral. Bastó que un papá viera un vídeo, mostrándosele la conducta de su hijo, para que todos los alumnos descubrieran que tenían un "vigilante". Y las actitudes de todos cambiaron, "porque los estaban mirando". Esos alumnos, solos, regularon sus actitudes y, claro, además de la correspondiente guía de sus docentes completándose -diremos- el circuito formativo.

Hecho similar acontece en oficinas y fábricas. Donde se han instalado estos equipos la productividad se ha elevado. Recordemos, por otra parte, que un vídeo permitió a un padre de familia descubrir los maltratos de que era víctima su hijo, tal como los noticieros de la televisión lo repitieron.

Hoy existen sistemas para "observar" lo que ocurre en la casa o en la oficina, desde una computadora portátil. Estos sistemas hasta ahora sirvieron para la seguridad; y, por ejemplo, se utilizan en las avenidas y carreteras para vigilar a los vehículos y a sus conductores. Hoy, son utilizables en la regulación actitudinal.

Sin pretender decir "en consecuencia", es oportuno explorar esta innovación y sus efectos pedagógicos, con el debido cuidado que ello exige; y los efectos conductuales en el colectivo social, como los políticos y sociológicos. Seguramente el vídeo (componente de las Tecnologías de la Información) sirva para que los jóvenes se "frenen" y autorregulen sus límites, no se trata de vigilarlos, sino de hacerles notar que "nos miramos entre todos y somos responsables de lo que hacemos". Igual para los mayores, en la calle, en el estadio deportivo o en la oficina. O para que los servidores de la Administración Pública, sea Presidente, Ministro, Congresista, Juez, funcionario de segundo nivel, técnico o portero, estén siempre ante una cámara, haciendo pública y transparente su gestión o su actividad.


Es un tema para evaluar. Con poca duda, el vídeo puede ayudar a reducir la corrupción. Y puede hacerse mediante un sistema de cámaras en circuito abierto, que permita a la ciudadanía la observancia del desempeño de los servidores públicos, a través de internet o de cámaras en los propios recintos públicos.

Asimismo, es imprescindible evaluar las estrategias y fines de la escuela, si ésta cumple o no con las demandas sociales; asimismo, es urgente reorientar el rol de los agentes que inducen la opinión pública y los contenidos de los sistemas de comunicación masiva; todos, a una, deben cooperar en la formación de un hombre con juicio y pensamiento crítico, que se aleje de las tentaciones y de las debilidades que lo expongan a la corrupción, activa o pasiva. Fatalmente, muchos programas en la TV producen mensajes perniciosos y sólo ayudan a lo negativo; la mayoría, sólo activan la impulsividad primaria, la violencia y el irrespeto.

En ese contexto, nótese que la permisividad no es una buena estrategia. Esta sólo ha ayudado a debilitar al educador y al propio padre de familia. En las últimas décadas, se ha hablandado la autoridad, el adulto ha dejado de ser el referente apropiado para promover actitudes positivas, no se ayuda a formar el carácter, los estímulos del entretenimiento han invadido los espacios de los jóvenes, desplazando la exigencia y el esfuerzo. Así, se ha degradado la capacidad de autoexigencia en los más jóvenes, provocando que de generación a generación se agudice el menor esfuerzo.

Pero lo más grave de la permisividad es la mentalización del encubrimiento. Quiénes se mal acostumbran a lo fácil, lo internalizan como un código de conducta y adquieren el sentido de apoyar al prójimo en el no esfuerzo, un criterio de tolerancia extrañamente aplicado. Un tipo de tolerancia que aproxima a los individuos a encubrir el error ajeno; un "yo te cubro, tú me cubres" que se adquiere hasta convertirse en una fórmula de vida.

Recientemente, en el tercer trimestre del 2004, en Argentina, exactamente en Buenos Aires, sobre una encuesta a más de trescientos mil personas, la mayoría opinó que la escuela debe ser más exigente. Se percibe que se ha relajado la conducta por la falta de exigencia, en el sentido más amplio y sano.

No es tiempo de una queja moral. Las denuncias asfixian a todos, en todos los países. No se desea una escuela en un sistema social y educativo que forme a los mejores repetidores de lo que otros han dicho o hecho, se requiere de una escuela en un sistema social y educativo que promueva la reflexión y ejemplificación positiva y real; o terminaremos en la amargura, en el cinismo o en la desorientación. La heteronomía nos está ganando y la sociedad corre el riesgo de ser más dependiente de lo exterior y de asumir como correcto lo que se sancionaba como inmoral. Y eso no es una nueva sociedad, sino una sociedad en decadencia.

Un buen acuerdo nacional debe incluir un sistema educativo para la exigencia y el pensamiento crítico, con menos énfasis en la acumulación de conocimientos y más dedicación al desarrollo intelectual y emocional del educando; así como el control de las acciones del Gobierno y del Estado. La información se abre paso por internet, uno de los contenidos debe ser la vigilancia de los actos públicos. Una obligación del buen gobierno es la institucionalización de un país al que se garantice las condiciones mínimas de educación positiva y sostenibilidad. Apostemos por la niñez, transformemos el modelo actual, erradiquemos la permisividad sin sentido, aprovechemos la cultura de la imagen que ahora nos invade y orientémosla a los sistemas de vídeo para "mirarnos entre todos" y propiciar conductas sanas no encubridoras o con menor riesgo de lo corruptible.

(*) Prof. Guillermo Ruiz Guevara, Director General de INEDIC; Consultor en Informática y Sistemas Aplicados a la Educación; Consultor en Políticas de Desarrollo Informático; tlf. 446 4592; correo_e: gjruizg@mixmail.com.