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A
propósito de las ocurrencias socio políticas y de
intervenciones sobre comportamientos, sentimientos y propuestas,
hemos apreciado el manejo insuficiente de la información
que practican muchos conciudadanos; al extremo de ponerse en riesgo
la integridad de dos congresistas mujeres, por falta de entendimiento,
actitud de diálogo y, por supuesto, por la desconfianza explicable
de los dirigentes de las comunidades (aun así, no justificable
tal actitud violenta). En el escenario de los últimos meses,
se trata -con insistencia- de la corrupción, la indolencia,
el abuso sexual, la sexualidad, las barras bravas, los excesos y
delitos juveniles más otras perlas comprensibles de nuestro
debate social, aunque muchos de los temas sean no deseados. Por
lo que es oportuno promover o efectuar algunas precisiones.
Nuestra sexualidad está
inmersa en cada palabra que pronunciamos, en cada gesto, en todas
nuestras actitudes; no así nuestro ejercicio sexual que es
otra cosa, éste corresponde a una elaboración muscular,
sensitivo_nerviosa, sanguínea y otros. El tema merece nuestra
detenida dedicación, pues es la raíz de muchos sucesos
en nuestras vidas y ... en la escuela. La sexualidad es una de nuestras
actitudes; todas éstas, cual racimo de diversos colores y
sabores, construyen o "hacen manifiesta" a nuestra (s)
persona (s). El SER, compuesto por su capacidad de pensar, sentir
y actuar, se evidencia a partir de su autoestima, comunicación
y cooperación (actitudes básicas). El "emocionar"
al estudiante es parte fundamental (en el acto educativo) para que
"inicie" el acto de pensar e impulse su mundo accional;
esta correlación está integrada y su equilibrio, o
no, da lugar a actitudes coherentes -o no-.
En cada persona hay
una cabeza que piensa, un corazón que late y un estómago
que grita (versión popular); de cuyas más o menos
influencias se puede hacer un análisis conductual (observación
simple, no tan simplista). En el niño, todo empieza por su
mundo sensitivo; el adolescente se va desprendiendo de lo estrictamente
sensitivo, justo cuando descubre nuevos estímulos que lo
"impulsan" hacia su sexo, en este momento su sexualidad
(practicada desde su nacimiento, unos opinan desde antes) se trastoca;
aquí -y desde antes mejor, claro- la orientación es
muy necesaria. Hombre o mujer requieren de tal orientación,
el diálogo es esencial y si la autoestima está sólida,
viene junto al respeto del cuerpo propio y el cuerpo del prójimo.
Dispénsese la síntesis, se obvian muchas cosas (temas).Todo
este asunto está íntimamente ligado a la maduración
o evolución de la moral; el niño es anómono
(sin ley, inexistencia de lo moral), el púber es heterónomo
(ley del adulto, del exterior), hay una etapa de socionomía
(ley del grupo, pero con iniciativa del sujeto) para luego alcanzar
la autonomía -se debería alcanzar- (disciplina de
la conciencia).
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¿Qué
hace la escuela en cada una de estas etapas con el alumno? Bueno,
en la (s) respuesta (s) encontraremos muchas de las desesperanzas,
vacíos o incongruencias del mundo del niño respecto
del adulto, incluyendo a su padre o madre; o de esperanzas, confianza,
seguridad u otras actitudes positivas. Cabe anotar que muchos sujetos
adultos permanecen en el estadio heterónomo, que es característica
del niño (07 a 14 años, aproximadamente) y otros en
el estadio anterior; aunque no existen exámenes específicos,
todos los indicios muestran que somos una sociedad heterónoma
Los valores son consecuencia natural de una Educación en
Actitudes, podemos explicarlo como: Educación de la Moral
a través de Actitudes y para la Afirmación de los
Valores. Educar en valores (título y contenido: sólo
en valores) no es "operacionable", a causa de lo cual
la educación en la moral se viste de dificultades; pedagogizarlo
es un reto mayor en estas épocas, por añadidura, tan
llenas de dis_valores. La Paz y la Justicia, tan reclamadas hoy
en día, no son parte de un discurso en la escuela, no pueden
serlo, estos no sirven para "educar" en ellas -léase
en la paz o en la justicia-, pues son consecuencia de nuestra realidad,
de nuestras vivencias, de los modelos, de nuestros ejemplos, en
esencia de nuestras actitudes. Por ello es tan importante la actitud
docente del político, como del profesor, del padre, de la
prensa y de todo aquello que influye y forma al hombre, en su sexualidad,
en su solidaridad o en su empeño por ser mejor (...?). Nuevamente,
dispénsese la síntesis.
Finalmente, hemos tomado conocimiento de una primera acción
ejecutada por el Ministerio de Educación de Perú,
en los últimos días de agosto, sobre un plan originado
en los primeros meses del presente año (2001); acción
plasmada en un taller denominado: "Programa de justicia, solidaridad,
autoestima, comunicación y cooperación". Sobre
este particular, es de esperar que no sea sólo un botón
de muestra. Tal programa bien puede generalizarse a todas las escuelas,
dependencias públicas -sin excepción- y a las organizaciones
privadas.
Extinguir la corrupción tampoco es un discurso, es resultado
de una Educación en Actitudes, que no se da sólo en
la escuela.
(*) Prof. Guillermo Ruiz Guevara; Consultor en Informática y
Sistemas Aplicados a la Educación; Director General de INEDIC; tlf.
446 4592; correo: gjruizg@setinedic.edu.pe;
gjruizg@mixmail.com (V.2/julio-2001).
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