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En una reunión
habida por marzo del 90, convocada por UNICEF en sus oficinas miraflorinas,
evaluando aspectos sobre población, educación y otros
temas, una dama participante intervino con un comentario que lo
acepté, pero sin imaginar lo relevante de su alcance a la
luz de la realidad actual (julio, 2001), entonces ella expuso: "
cómo organizarnos para resistir una década de crisis".
Tal aseveración fue un pronóstico exacto; que, hoy,
puede servir para argumentar un mandato institucional que obligue
el análisis de las condiciones de los próximos años;
más que un diagnóstico una visión de futuro;
un análisis de escenario y una actitud proactiva, en el lenguaje
de los planificadores.
Y, ahora, luego de un inicio incierto de la presente década,
debemos organizarnos para superar una nueva década crítica.
Debemos tener un plan y para ello son importantes los esfuerzos
del Gobierno de Transición, de Foro Educativo y de todos
aquellos que de diversas formas contribuyen para un Acuerdo Nacional
por la Educación.
Claro que no existe un plan sin diagnóstico y cuando el
plan se ejecuta son necesarias las advertencias que nos animen a
reiniciar permanentemente nuestras búsquedas. No todo el
tiempo podemos hacer planes, pero, en Educación es imprescindible
analizar el fenómeno sin descanso para canalizar nuestras
posibilidades. Con mayor razón si son planes, programas o
proyectos a nivel de país; entonces debemos insistir en la
retroinformación y en la observancia de las pertenencias
del sistema para prever los resultados. Se requiere de sólidos
equipos para ello.
Parte del análisis se recoge de las inquietudes de la población.
Así tenemos algunas manifestaciones recientes (presentes).
Por ejemplo, un conocido diario, en su primera página anotaba
que "
con imaginación asistiremos a escuchar el
partido de fútbol". En alusión a que la Copa
América no sería transmitida por TV. En el mismo artículo
se recordaba que en décadas pasadas asistíamos a escuchar
tal o cual novela "prodigando nuestra imaginación".
Sin pretender un reducido eureka, esa gimnasia mental ayudó
a generaciones a ejercitar sus neuronas y su inteligencia abstracta,
ahora limitada; pues en los programas de TV, todo está dicho,
todo está pensado y no queda nada -o muy poco- para la imaginación.
Como consecuencia de ello se condiciona el razonamiento y se mutila
la creatividad.
Si a este hecho le agregamos los componentes socio dramáticos,
convertidos en envilecimiento y degradación de valores, que
viene ofreciendo la TV (y la mayoría de medios impresos y
de radio), encontramos material para elaborar una crítica
abundante respecto del producto educativo contemporáneo.
La TV y los diversos medios de comunicación son reconocidos
como parte del currículo oculto; sin embargo, ante su marcada
influencia y rol inductor del pensamiento, ¿no habrá
de incorporarlos como parte del currículo manifiesto?.
En la TV, en los medios en general, subyacen las marcas del lenguaje
de la población; lo que también se encuentra en INTERNET,
hoy en día. Revisando una lista de debate educativo, justamente
en INTERNET, encontré la siguiente cita: "
´la
lengua es estática´. Lo único estático
es la mente de quienes viven obnubilados
Pocas cosas han
habido, o habrán, tan dinámicas como un lenguaje humano,
que cambia a razón de 500 palabras por siglo (y si se tiene
en cuenta que 500 palabras alcanzan al hombre común para
la vida diaria, es simple de ver cuánto significa ese cambio)".
El tema podemos contrastarlo con el manejo que hacen del idioma
los llamados diarios chicha y muchos programas de TV, ¿cuál
es la contribución de éstos al sistema educativo,
al mejoramiento de la sociedad?, ¿se atreverán a decir
que no les compete rol educativo?.
Continuo citando, del mismo artículo en INTERNET: "En
otro orden de cosas, pero completamente análogo a lo que
discutimos, este fanatismo dogmático se nota cuando nos dicen
que ´hay que motivar a los alumnos porque sin motivación
nadie aprende bien´, y prefieren olvidar que también
sería lógico motivar a los maestros para que enseñen
bien, por ejemplo remunerando adecuadamente su trabajo y brindándoles
buenas condiciones laborales. O cuando exigen que nuestros estudiantes
sean entrenados en el ´análisis crítico´
y ellos mismos se ofenden si se los critica". Tema repetido
y vigente, que correlaciona el modelo didáctico con el tipo
de sociedad logrado y para ser contrastado con el desempeño
de muchos adultos, que se dicen ciudadanos maduros. ¿Quién
sino la TV -y los diversos medios- incuba fanatismo?, allí
están los triunfalismos deportivos, construyéndose
ilusiones anticipadas que a la luz de los resultados generan frustraciones
directamente proporcionales.
Extiendo la cita: "
plantea una situación extremadamente
grave: el ´sistema´ está siendo diseñado
de modo que se vuelve impermeable a toda crítica, y tan prolijamente
estructurado que casi es imposible de contrarrestar. Ninguno de
los grandes futurólogos de la Humanidad pudo jamás
imaginar una dominación intelectual tan sutil y perversa
como la que vivimos en nuestro tiempo (y sólo está
en sus comienzos). Todos los ingredientes están aquí:
protagonismo tecnológico (Verne); la droga como herramienta
de dominación (Huxley); anulación del intelecto (Wells);
prohibición de la lectura (Bradbury); control mental, propaganda,
manipulación de la Historia, destrucción del idioma
(Orwell); pero lo que estos visionarios nunca pudieron imaginar
es que la utopía totalitaria podía conseguirse sin
una represión despiadada o sin anular las libertades formales
de las personas. Hoy vamos hacia cualquiera de esas tremendas utopías
sin que medie una hecatombe y sin ´policía del pensamiento´;
vamos felices, seguros y despreocupados porque el sistema nos permite
incluso criticarle todo lo que se nos ocurra, y si nos descuidamos
hasta nos dan una tapa del
(mencionan un diario de gran circulación)
para desparramar bilis. Al sistema no le importa, porque sabe que
lo que nosotros escribimos en una ´carta de lectores´
se borra fácilmente con mil artículos propagandísticos
y es negado -para colmo- POR LOS HECHOS". El tema se centra
en la manipulación del pensamiento, que en Perú ha
sido una suerte de estafa intelectual y democrática en los
últimos lustros, ¿quién toma la iniciativa
del mea culpa?. A pesar de lo cual, ¿debemos insistir en
un régimen de vigilancia social?; ante esta inquietud, y
a propósito de una reciente propuesta de Foro Educativo,
es de considerar que debe evitarse el riesgo del modelo "policial"
o el manejo inadecuado del poder, mientras no se den las condiciones
de clima organizacional y la madurez de los agentes sociales.
En el debate, en INTERNET, también se cita: "Véase
si no el fenómeno de los ´reality shows´ como
´Gran Hermano´ (en Argentina). En otros tiempos, sus
autores estarían presos o exiliados ante la catarata de críticas.
Hoy, en cambio, se enriquecen con el ´merchandising´
e incluso venden en los kioskos videos titulados ´lo prohibido
de Gran Hermano´. O sea que... sobreviven hasta a la censura".
Innecesario esforzarnos en la analogía con los programas
peruanos, a lo "maría cristina" o a lo "bosso".
Hay más: "Por eso, coincido plenamente con lo de ´dominación
ideológica´. No es otro el propósito fundamental
de la banalización pedagógica, que de eso es de lo
que se trata. Ciertamente, si todos los maestros LEYERAN CRÍTICAMENTE
las propuestas que cada Ministerio y funcionario les hacen, llegarían
rápidamente a la misma conclusión, y por cierto sería
deseable que así lo hagan". Ana Cristina Misenta, sesuda
educadora argentina que sustenta estas ideas, ha "tocado"
también -casi sin proponérselo- el estado de cosas
en Perú. Asimismo, compartimos en toda su extensión
su siguiente intervención: "No sé si aún
hay tiempo para cambiar; lo que sí sé es que no podemos
dejar de intentarlo".
Recordemos que una reciente (presente) y trágica noticia
ha dado cuenta del asesinato de una joven adolescente y de la agresión
a otras dos personas, donde una de ellas quedó en estado
de coma; caso en el cual podemos comprobar que las costumbres adquiridas
por el periodismo para el tratamiento de las noticias no evoluciona
(salvo honrosas excepciones); para vender se sigue haciendo escarnio
de la persona, de la familia y de la tranquilidad ajena. Y cuando
se analiza el "fondo humano", entonces se diluye el contenido
en el gráfico del "morbo".
El causante de tal tragedia es un consumidor típico del
"status quo", carente de límites, envuelto en la
violencia, enceguecido por los "schwarzenger" y los "rambo".
¿Cuántos más hay?, ¿queremos seguir
construyéndolos?.
En uno de los escasos espacios útiles de la TV peruana,
pude escuchar: "
debemos reducir los mitos (o los mitoides)".
Lo que nos conduciría a ganar en objetividad y, su sola propuesta,
promueve la siguiente pregunta: ¿estamos preparados para
deshacernos de mitos, de huachaferías, de fetichismos, de
ponzoñas al prójimo, de fanatismos, de endiosamiento
a los políticos?, ¿estamos preparados?.
Evitar el dominio ideológico no es algo que deba trasladarse
como responsabilidad exclusiva de los docentes, es obligación
de todos y es, seguramente, un asunto de especial atención
en la próxima década. La Sociedad de la Información
trae nuevas formas de dependencia, que no es sólo económica;
es del conocimiento, del derecho y capacidades de acceso a la información;
de salud mental, individual y colectiva, en función a la
información que se difunde.
Urge la elaboración de un Plan Nacional para la Educación
en el que se dé a los medios el justo lugar que les corresponde
como parte del proceso educativo; dotándoseles de las condiciones
que favorezcan la calidad de sus programas e incluyéndoseles
en las actividades de la escuela para la crítica y el dominio
del lenguaje periodístico y audio visual; esto puede ser
una actividad eje durante la próxima década. La imagen
ahora es insustituible del texto, las noticias no dejarán
de existir -se multiplicarán-, entonces debemos preparar
a los jóvenes para una adecuada crítica de las imágenes
y de los medios.
(*) Prof. Guillermo
Ruiz Guevara,
e_mail: gjruizg@setinedic.edu.pe; gjruizg@mixmail.com
Consultor en Informática
y Sistemas Aplicados a la Educación;
Director General de INEDIC; tlf. 446
4592;
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